miércoles, 12 de marzo de 2014

GLOBALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN



TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN EN LA EDUCACIÓN

La escuela es desde hace siglos una institución esencialmente orientada a la “gestión del conocimiento”. Sus principales agentes –profesores– son por definición trabajadores del conocimiento. Los sujetos del aprendizaje –alumnos– son personas en formación que se encuentran dedicadas a tiempo completo a la tarea noble de aprender, y de aprender a aprender, a lo largo de la vida, a procesar conocimiento. La materia prima a disposición de los sistemas escolares está normalmente constituida por objetos de conocimiento: manuales escolares, enciclopedias, bibliotecas, recursos didácticos, muchos de los cuales hoy bajo la forma de compilaciones digitales, etc. (Carneiro, 2009; Cobo, 2013).

Educar es ayudar a las personas a transformarse, a realizar su potencial máximo, a liberarse de trabas y grilletes que impiden el florecer natural de los talentos de cada persona. Educar es proporcionar a cada uno la posibilidad de escribir bien, y en libertad, su “libro de la vida” (Carneiro, 2009).

La finalidad de la educación es ayudar a formar personas integrales lo que no solo depende de una institución sino de la fusión de ésta con el entorno y la familia, esta fusión permitirá ayudar a descubrir y potenciar aquellos talentos y gustos, con los que el individuo ha sido creado. Educamos para hacer del mundo un mundo mejor, para entender un mundo diverso, para tener mejores y más oportunidades, así como mejores seres humanos (Chacón, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). Para afrontar los retos del siglo XXI, “la educación debe estar dirigida a promover capacidades y competencias y no solo conocimientos cerrados o técnicas programadas” (Pozo & Monereo, 1999, p. 11 citado en Carneiro, Toscano & Díaz, 2009). Por tanto, no debemos  perder de vista que, el objetivo es educar a más y mejores ciudadanos en sociedades más justas y dinámicas.

Por su parte, Coll (2013) dice que la meta del modelo educativo debe ser formar aprendices competentes y no meros consumidores de información. El foco es la trayectoria personal de aprendizaje, el conjunto de experiencias de aprendizaje que se llevan a cabo por los nichos (ecosistemas de aprendizaje formados por diversos espacios donde se aprende, uno de ellos es la familia y otro la escuela, pero no son los únicos) por los que se transita. Del mismo modo Rocha (2013), comenta que la escuela no debe estar desvinculada de la realidad social porque aísla y no considera al alumno como sujeto activo en su desarrollo, por ello es necesario basarnos en una triada educativa familia-escuela-comunidad. Cada uno debe construir su propia estructura de conocimientos y significados basados en sus experiencias previas, las estructuras de los aprendices son propias y no deben ser las del docente. (Cañas 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013).  El alumno debe utilizar todas las vivencias para aprender, pues cualquier espacio puede ser idóneo para aprender. 

Como lo comenta Huanuco (2013 citado en Fundación Telefónica, 2013), nadie aprende lo que no quiere, solo lo memoriza, pero cuando alguien aprende lo que le gusta o quiere, le sirve para la vida. El aprendizaje debe partir de la necesidad, de la demanda, de lo que gusta, y siendo así, se hará con entusiasmo y será útil para el desarrollo futuro en la sociedad.”

Por consiguiente existe una necesidad inminente de disrupción en el sistema educativo planteado como ente aislado de la sociedad. La fuerza de los aprendizajes producidos en ambientes no formales e informales crece a un ritmo vertiginoso y no quedará más remedio que empezar a considerar los beneficios de todos los ámbitos educativos posibles. Existen conocimientos que se adquieren mejor fuera del sistema de educación formal, puesto que requieren de un ambiente y condiciones que no pueden ser reproducidas en las instituciones educativas. Siendo que el aprendizaje no se da únicamente en el sistema de educación formal, aprendemos en todo momento y en diversos contextos. De hecho, en una institución formal de aprendizaje se busca contextualizar los aprendizajes porque en la mayoría de ocasione éstos tienden a ser artificiales y poco adaptados a la realidad de su aplicación práctica. Lo importante es hacer de las experiencias vitales de un niño, una experiencia de aprendizaje donde los docentes son sólo guías que acompañan (Fundación Telefónica, 2013).

Existe una inminente necesidad de repensar los sistemas educativos para evitar ahogar la creatividad de los aprendices. Hay que enterrar un sistema educativo basado en el control para instaurar uno de dotación de poder. El alumno nace siendo creativo y el sistema debe generar las condiciones para que puedan seguir desarrollando esa creatividad. Se puede aprender independientemente del espacio y del tiempo (Fundación Telefónica, 2013).

Por lo anterior, una no tan nueva cultura digital lleva años instaurada en la sociedad, y las instituciones educativas no pueden permanecer ajenas, por lo tanto han comenzado a embarcarse en ella. Se torna fundamental un liderazgo institucional basado en la construcción de un sentimiento de comunidad sólido, unido a una filosofía de uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) gestionadas desde y para la pedagogía y el currículo del centro educativo (Fundación Telefónica, 2013).  

Las TIC han configurado nuevas posibilidades y contextos que amplían de manera significativa las oportunidades de aprendizaje en los distintos ambientes (formal, no formal e informal). Esto plantea la necesidad de atender nuevas competencias y destrezas que los seres humanos han de adquirir para desenvolverse de manera adecuada en la sociedad del siglo XXI (Fundación Telefónica, 2013). 

Según Carneiro (2009), las TIC son la palanca principal de transformaciones sin precedentes en el mundo contemporáneo. Por su parte Segura (2009 citado en Carneiro et al., 2009), manifiesta que las TIC permiten la construcción de redes de comunicación e interacción con personas de otros lugares y tienen un potencial reconocido para apoyar el aprendizaje, la construcción social del conocimiento y el desarrollo de habilidades y competencias para aprender autónomamente. Estas redes informáticas ofrecen una perspectiva de trabajo muy diferente al tradicional, abren las aulas al mundo y permiten la comunicación entre las personas eliminando las barreras del espacio y del tiempo, de identidad y estatus. Las TIC hacen que el aprendizaje se vuelva ubicuo, este aprendizaje puede ocurrir en la escuela, en el trabajo, en casa, por movilidad; el nuevo aprendizaje ocurre en cualquier sitio y en cualquier momento.

Desde esta perspectiva la función de la educación es iniciar a los jóvenes en esta civilización de creación del conocimiento y ayudarles a encontrar un lugar dentro de ella (Siemens, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). Es así como la educación tiende a constituirse como uno de los pilares básicos en la construcción de la sociedad del conocimiento. La sociedad actual, se caracteriza por la complejidad, el cambio, el conflicto de valores, la incertidumbre y la inequidad, poniendo en jaque el paradigma educativo centrado en la transmisión de información y, por ende, los roles del docente como responsable de dicho proceso transmisivo y del alumno como receptor-reproductor de dicha información.

De esta manera, la metáfora educativa del estudiante de la sociedad del conocimiento plantea que este requiere ser un aprendiz autónomo, capaz de autorregularse y con habilidades para el estudio independiente, automotivado y permanente. En correspondencia, el profesor, como agente mediador de los procesos que conducen a los estudiantes a la construcción del conocimiento y a la adquisición de las capacidades mencionadas, requiere no solo dominar estas, sino apropiarse de nuevas competencias para enseñar. Esperando que sean los profesores quienes enseñen a sus estudiantes las competencias informáticas o tecnológicas requeridas y, más aún, que propicien en estos la literacidad crítica ante las TIC en el contexto de la sociedad de la información. (Díaz, 2009 citado en Carneiro et al., 2009).  

Ahora bien, la administración y gestión educativa debe tener en cuenta también la penetración de las TIC en los hogares. De esta forma, no solo pueden establecerse nuevas interacciones y actividades en el seno de las familias, sino que abren un canal de comunicación entre la escuela y la familia que favorece la acción conjunta entre ambos agentes educativos. La tarea principal, por tanto, es lograr que los alumnos mejoren sus aprendizajes con la utilización de las tecnologías de la información. Pero ello supone configurar un nuevo escenario en las relaciones entre los profesores, los alumnos y los contenidos de la enseñanza, y hacerlo también en la evaluación de todo el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Si difícil es cambiar la forma de enseñar, aún lo es más modificar el sistema habitual utilizado para la evaluación. Por ello, la formación de los profesores para que dispongan de las competencias necesarias que les permitan incorporar de forma natural las TIC en su práctica pedagógica constituye la variable fundamental para garantizar el éxito del esfuerzo emprendido (Marchesi citado en Carneiro et al., 2009).  

En lo que respecta a la enseñanza educativa, existen ciertos aspectos fundamentales que tienen que ver con la persona que deben ser cultivados desde temprana edad en el proceso educativo: liderazgo, cultura de equipo y de colaboración; incentivo a la curiosidad y apertura al cambio; incentivo a la innovación; y aprender de los errores y no tenerles miedo. Del mismo modo, cabe destacar algunos de los elementos que hacen a una persona empleable en la sociedad del siglo XXI: capacidad de discernir de forma crítica, flexibilidad y adaptabilidad, trabajo en equipo, multidisciplinariedad, disposición al aprendizaje continuo y capacidad de emprender. Siendo que el sistema educativo del siglo XXI está abierto a la comunidad y basado en aprendizajes colaborativos que implican a toda la sociedad. La labor de este sistema no es formar a ciudadanos sólo para ser útiles a un mercado sino formar a ciudadanos capaces de desenvolverse en todos los niveles sociales (Fundación Telefónica, 2013).

Para enseñar hay que modelizar y demostrar, para aprender hay que practicar y reflexionar sobre lo practicado.  El aprendizaje no está en los contenidos sino en las interacciones que se producen alrededor de ellos. El aprendizaje en red a través de interacciones debe consistir en agregar, remezclar y poner en práctica los conocimientos para cerciorarnos de que funciona (Downes, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). Resulta primordial no dejar que nadie interprete el mundo por nosotros, cada uno lo hace como él lee el mundo. Hay que crear diversidad de fuentes para contrastar la información que es de nuestro interés aprender, no hay que olvidar que si algo es realmente importante para una persona, lo recordará, no es importante recordar todos los acontecimientos.

Por su parte, las herramientas tecnológicas deben obedecer a los objetivos curriculares y a la selección de una metodología de aprendizaje acorde, por lo tanto son el último paso a emprender. Estas herramientas TIC sólo son medios que van a ayudarnos a alcanzar una serie de metas educativas previamente planificadas. En ningún caso debe ser considerado el dominio de las herramientas TIC como factor central del planteamiento de aprendizaje.

El énfasis para el éxito en la introducción de TIC en procesos educativos debe ponerse en la metodología didáctica y no en la tecnología. De acuerdo con Castiglioni (2013 citado en Fundación Telefónica, 2013),  la cuestión es entender que ser usuario de las TIC no significa aprender, pero sí que a través de ellas podemos generar conocimientos y compartir información, ellas nos ayudarán a que el contenido sea más interesante, actual, motivador para los alumnos, pero siempre deben estar incluidas en nuestras prácticas de manera planificada, conociendo el contenido o disciplina que estamos impartiendo, y utilizando herramientas TIC que les ayuden a producir conocimiento sobre el tema abordado y luego puedan difundirlo y compartirlo.

Para llevar a cabo inserciones eficientes de tecnologías en educación, es de vital importancia que exista una hibridación entre tres aspectos fundamentales: dominio de los contenidos curriculares, conocimientos pedagógicos y dominio tecnológico de las herramientas (Harris 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). De la misma manera, uno de los puntos más importantes en cualquier proceso educativo es su evaluación para determinar el grado de éxito o fracaso que éste ha tenido. Entonces pues, la evaluación de la eficacia y eficiencia de un proyecto educativo con TIC y la evaluación de las mejoras que suponen a la educación, indican el momento en el que se debe implementar la tecnología más compleja.

El desarrollo acelerado de la sociedad de la información está suponiendo retos, impensables hace unos años, para la educación y el aprendizaje. Tal vez lo más relevante sea que nos encontramos con una nueva generación de aprendices que no han tenido que acceder a las nuevas tecnologías, sino que han nacido con ellas y que se enfrentan al conocimiento desde postulados diferentes a los del pasado. Ello supone un desafío enorme para los profesores (la mayoría de ellos inmigrantes digitales) para las escuelas, para los responsables educativos y para los gestores de las políticas públicas relacionadas con la innovación, la tecnología, la ciencia y la educación (Marchesi citado en Carneiro et al., 2009).  

Sin embargo, es necesario romper el mito de los nativos digitales, es decir, la consideración de que todos los jóvenes son nativos digitales y dominan las TIC para usos de provecho en el siglo XXI. Las personas aprenden y se forman a lo largo de toda su vida, la escuela sólo es un lugar cuyo propósito es sistematizar, seleccionar y priorizar determinados aprendizajes que alguien recoge en lo que denominamos currículo educativo. Estas escuelas deben ser concebidas como una extensión de la sociedad donde los aprendices ingresan para continuar una formación. El avance de las TIC ha permitido la aparición de nuevas formas de autoaprendizaje en la red de redes. La cantidad de información disponible en internet, permite a los aprendices poner en marcha estrategias de búsqueda y filtrado para tener acceso a aquello que creen necesario aprender (Fundación Telefónica, 2013).

Así es como el nuevo modelo educativo debe encontrar la manera de adoptar el uso tecnológico y las competencias tecnológicas que los jóvenes en la actualidad poseen. El conocimiento se desarrolla y evoluciona más rápido, el modelo educativo debe favorecer el desarrollo de competencias que permitan al individuo seguir aprendiendo de forma autónoma a lo largo de toda su vida. En este sentido podemos señalar algunas de las competencias básicas que deberían priorizar, fomentar y trabajar los nuevos sistemas educativos, que son el producto del cambio de la sociedad del siglo XXI. El nuevo perfil debe responder a un sujeto proactivo, creativo, innovador, reflexivo, critico, capaz de resolver problemas de diversa índole, flexible, empático, adaptado, autónomo y todo ello acompañado por unas competencias socio-emocionales que forjarán una personalidad sólida y capaz de hacer frente a las dificultades sociales que se presenten a lo largo de su desarrollo como persona (Fundación Telefónica, 2013).

Por tal motivo los cambios del sistema educativo deben orientarse hacia la mejora competencial de los estudiantes. La sociedad digital requiere de competencias que los sistemas educativos han de desarrollar (autonomía, adaptación, tratamiento de la información, etc.), reformando el currículo. Se requerirá de unidades didácticas más simples basadas en tales competencias útiles para la inserción social, aprendiendo de forma conectada en red. En esta nueva sociedad, el cambio educativo debe producirse a nivel de actitudes y no sólo de aptitudes (Piscitelli 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013).

Con la llegada de la cultura TIC ha llevado a la comunidad a debatir sobre los desafíos que ésta genera en el área de la educación. En este contexto, crece el protagonismo del área de gestión y liderazgo en una institución educativa. Los roles a asumir por directivos y docentes en el empoderamiento tecnológico a la hora de introducir TIC en procesos de aprendizaje se convierten en factores directamente relacionados con la mejora de la calidad educativa de la escuela.  Bolívar (2013) indica que después del trabajo de los profesores y lo que ocurre dentro del aula, el liderazgo directivo es el factor interno a la escuela más relevante en la consecución de aprendizajes de calidad, esta incidencia es mayor en contextos con déficits y problemas. El docente y todo el centro siempre deben ser parte activa de cualquier proceso de innovación dedicado a la mejora de la educación. Los cambios impuestos no sirven, porque la escuela debe ser el centro del cambio (Murillo, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013).

No obstante, los profesores probablemente se resistan al cambio cualitativo debido a que consideran que las nuevas tecnologías no fueron concebidas para la educación; no aparecen naturalmente en los sistemas de enseñanza; no son demandadas por la comunidad docente; no se adaptan fácilmente al uso pedagógico y, muy probablemente, en el futuro se desarrollarán solo de manera muy parcial en función de demandas provenientes del sector educacional (Bonilla, 2003). Esto plantea uno de los problemas clave de la relación entre las políticas nacionales de educación y las TIC: la dificultad de “implantar” a la educación elementos que le son extraños, que no surgen ni se desarrollan dentro de los sistemas educativos y que, por tanto, no se instalan en ellos de manera “natural” (Sunkel 2009, citado en Carneiro et al., 2009).

Aunque se atribuye que la incorporación de las TIC en la educación ha abierto grandes posibilidades para mejorar los procesos de enseñanza y de aprendizaje. No es suficiente con dotar a las escuelas de computadoras. Hace falta abordar, al mismo tiempo, un cambio en la organización de las escuelas y en las competencias digitales de los profesores. También es necesario avanzar en la incorporación de las nuevas tecnologías en los entornos familiares para reducir la brecha digital (Carneiro, Toscano & Díaz, 2013).

Igualmente es imprescindible que la formación docente se reconfigure, contemplando de forma más sólida el uso pedagógico de los entornos digitales para la sociedad del siglo XXI. El rol del profesor ya no debe discurrir por el aporte de información, sino en orientar a cada alumno en su proceso de búsqueda y tratamiento de la información, para que sea él quien de manera activa y experimental construya su propio conocimiento (Ferrer, 2013). Algunas de las competencias esenciales para desarrollar la labor docente en el siglo XXI pueden ser: competencia en la materia; competencia pedagógica; capacidad de integración de la teoría y la práctica; cooperación y colaboración; garantía de calidad; movilidad, liderazgo; y aprendizaje permanente. Finalmente, el docente nunca debe olvidar que el aprendizaje es social y que los alumnos aprenden más unos de otros que escuchando una transmisión unidireccional de conocimientos emitida por el profesor. El rol del profesor no debe basarse en la transmisión de contenidos sino en la orientación y apoyo generando las condiciones para que sea el alumno quien de manera activa y experimental construya su propio conocimiento (Fundación Telefónica, 2013).

Con base a lo anterior, al realizar un análisis en una escuela de nivel básico, con relación a la aplicación de las TIC como herramienta para mejorar la enseñanza aprendizaje. Se constató que los valores humanos que se fomentan en la institución educativa son respeto, tolerancia, solidaridad y equidad. Siendo los principales problemas y retos que enfrenta de infraestructura, improvisación del personal (no cuentan con el perfil docente) y sobretodo de recursos económicos, que la mantiene en una carencia para la implementación de las TIC en la educación puesto que sólo cuentan con un centro de cómputo, de las cuales son insuficientes las computadoras y no todos los alumnos tienen acceso a él. No obstante, cabe mencionar que la institución cuenta con algunos elementos, aunque en menor cantidad que son compartidos con toda la población escolar como son laptop, cañones proyectores y pantallas de los mismos, y multimedia. Por tal motivo, para el tiempo en que llevan implantadas las TIC en la educación, no se considera que existan innovaciones y resultados tecnológicos trascendentales en la adopción y aplicación de estas TIC en la institución. Careciendo de computadora por alumno; equipamiento de los salones de clases con proyectores; pizarras interactivas; desarrollo de contenidos educativos en formato digital; entre otras TIC.

En este sentido, el propósito de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), es promover iniciativas, como programas para que todos los niños dispongan de un ordenador; cursos de formación virtual y concursos públicos para conocer las mejores experiencias con el fin de premiar a las personas y a las instituciones más comprometidas o que mejores resultados estén obteniendo; y estimulación a la reflexión crítica y la innovación educativa por parte de expertos de la OEI.  Repensar las implicaciones de la incorporación de la escuela a las TIC y de la entrada de las TIC en la escuela es tan importante como propiciar el desarrollo y la difusión de experiencias innovadoras que muestran la forma en que los nuevos entornos virtuales de aprendizaje pueden ser útiles en las aulas reales (Marchesi citado en Carneiro et al., 2009).   

Según Sunkel (2009 citado en Carneiro et al., 2009), en Iberoamérica, los programas de informática educativa enfrentan por lo menos cinco desafíos a saber:
  • Desafío 1: se refiere al tema del acceso y, específicamente, a la ampliación del acceso. 
  •    Desafío 2: se refiere a la capacitación de los docentes y, en particular, a las estrategias desplegadas por los programas públicos de informática educativa, incluyendo el tipo de capacitación y su alcance. 
  •  Desafío 3: se vincula a la integración de las TIC en el currículo. 
  • Desafío 4: se refiere a la incorporación de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje. 
  •  Desafío 5: radica en la necesidad de generar información que permita monitorear los cambios que están ocurriendo producto de la incorporación de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje (por ejemplo el PISA).
Aunque pareciera que la ilusión de las TIC podían ser la llave para resolver gran parte de los problemas educativos y para dar un rápido impulso a la calidad de la enseñanza se ha ido desvaneciendo ante los grandes retos pendientes y la dificultad de modificar la organización de las escuelas y la forma de enseñar de los profesores. Sin embargo, nuevas reflexiones, modelos e iniciativas están surgiendo y permiten albergar renovadas expectativas (Carneiro et al., 2009). Finalmente, las TIC ofrecen muchas posibilidades para apoyar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Favorecen la motivación, el interés por la materia, la creatividad, la imaginación y los métodos de comunicación, mejoran la capacidad para resolver problemas y el trabajo en grupo, refuerzan la autoestima y permiten mayor autonomía de aprendizaje (Segura, 2009 citado en Carneiro et al., 2009).   

Referencias

Carneiro, R., Toscano J. & Díaz, T. (2009). Los desafíos de las TIC para el cambio educativo. Madrid, España: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) - Fundación Santillana. Recuperado de http://www.oei.es/metas2021/LASTIC2.pdf

Cobo, C. (2013, 11 de Febrero). ¿Cómo diseñar un nuevo sistema educativo más permeable? Diario ABC de España. Recuperado de http://ergonomic.wordpress.com/2013/02/11/permeable/

Fundación Telefónica (2013). 20 Claves Educativas para el 2020 ¿Cómo debería ser la educación del siglo XXI? México, D.F: Encuentro Internacional de Educación. Recuperado de http://www.fundacion.telefonica.com/es/arte_cultura/publicaciones/detalle/257   

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