TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN EN LA
EDUCACIÓN
La escuela es desde hace siglos una
institución esencialmente orientada a la “gestión del conocimiento”. Sus
principales agentes –profesores– son por definición trabajadores del conocimiento.
Los sujetos del aprendizaje –alumnos– son personas en formación que se
encuentran dedicadas a tiempo completo a la tarea noble de aprender, y de
aprender a aprender, a lo largo de la vida, a procesar conocimiento. La materia
prima a disposición de los sistemas escolares está normalmente constituida por
objetos de conocimiento: manuales escolares, enciclopedias, bibliotecas,
recursos didácticos, muchos de los cuales hoy bajo la forma de compilaciones
digitales, etc. (Carneiro, 2009; Cobo,
2013).
Educar es ayudar a las
personas a transformarse, a realizar su potencial máximo, a liberarse de trabas
y grilletes que impiden el florecer natural de los talentos de cada persona.
Educar es proporcionar a cada uno la posibilidad de escribir bien, y en libertad,
su “libro de la vida” (Carneiro, 2009).
La finalidad de la
educación es ayudar a formar personas integrales lo que no solo depende de una
institución sino de la fusión de ésta con el entorno y la familia, esta fusión
permitirá ayudar a descubrir y potenciar aquellos talentos y gustos, con los
que el individuo ha sido creado. Educamos para hacer del mundo un mundo mejor,
para entender un mundo diverso, para tener mejores y más oportunidades, así
como mejores seres humanos (Chacón, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). Para afrontar los retos del siglo
XXI, “la educación debe estar dirigida a promover capacidades y competencias y
no solo conocimientos cerrados o técnicas programadas” (Pozo & Monereo,
1999, p. 11 citado en Carneiro, Toscano
& Díaz, 2009). Por tanto, no debemos perder de vista que, el objetivo es educar a
más y mejores ciudadanos en sociedades más justas y dinámicas.
Por su parte, Coll (2013) dice que la
meta del modelo educativo debe ser formar aprendices competentes y no meros
consumidores de información. El foco es la trayectoria personal de aprendizaje,
el conjunto de experiencias de aprendizaje que se llevan a cabo por los nichos
(ecosistemas de aprendizaje formados por diversos espacios donde se aprende,
uno de ellos es la familia y otro la escuela, pero no son los únicos) por los
que se transita. Del mismo modo
Rocha (2013), comenta que la escuela no debe estar desvinculada de
la realidad social porque aísla y no considera al alumno como sujeto activo en
su desarrollo, por ello es necesario basarnos en una triada educativa
familia-escuela-comunidad. Cada uno
debe construir su propia estructura de conocimientos y significados basados en
sus experiencias previas, las estructuras de los aprendices son propias y no
deben ser las del docente. (Cañas 2013 citado en Fundación
Telefónica, 2013). El alumno debe utilizar todas las vivencias para aprender, pues
cualquier espacio puede ser idóneo para aprender.
Como lo comenta Huanuco (2013 citado en Fundación Telefónica, 2013), nadie aprende lo que no
quiere, solo lo memoriza, pero cuando alguien aprende lo que le gusta o quiere,
le sirve para la vida. El aprendizaje debe partir de la necesidad, de la
demanda, de lo que gusta, y siendo así, se hará con entusiasmo y será útil para
el desarrollo futuro en la sociedad.”
Por consiguiente existe una necesidad inminente de disrupción en el sistema educativo
planteado como ente aislado de la sociedad. La fuerza de los aprendizajes
producidos en ambientes no formales e informales crece a un ritmo vertiginoso y
no quedará más remedio que empezar a considerar los beneficios de todos los
ámbitos educativos posibles. Existen conocimientos que se adquieren mejor fuera
del sistema de educación formal, puesto que requieren de un ambiente y
condiciones que no pueden ser reproducidas en las instituciones educativas.
Siendo que el aprendizaje no se da únicamente en el sistema de educación
formal, aprendemos en todo momento y en diversos contextos. De hecho, en una institución
formal de aprendizaje se busca contextualizar los aprendizajes porque en la
mayoría de ocasione éstos tienden a ser artificiales y poco adaptados a la
realidad de su aplicación práctica. Lo importante es hacer de las experiencias
vitales de un niño, una experiencia de aprendizaje donde los docentes son sólo
guías que acompañan (Fundación Telefónica, 2013).
Existe una inminente necesidad de repensar
los sistemas educativos para evitar ahogar la creatividad de los aprendices.
Hay que enterrar un sistema educativo basado en el control para instaurar uno
de dotación de poder. El alumno nace siendo creativo y el sistema debe generar
las condiciones para que puedan seguir desarrollando esa creatividad. Se puede
aprender independientemente del espacio y del tiempo (Fundación
Telefónica, 2013).
Por
lo anterior, una no tan nueva cultura digital lleva años
instaurada en la sociedad, y las instituciones educativas no pueden permanecer
ajenas, por lo tanto han comenzado a embarcarse en ella. Se torna fundamental
un liderazgo institucional basado en la construcción de un sentimiento de
comunidad sólido, unido a una filosofía de uso de las Tecnologías de la Información
y la Comunicación (TIC) gestionadas desde y para la pedagogía y el currículo
del centro educativo (Fundación Telefónica, 2013).
Las TIC han configurado
nuevas posibilidades y contextos que amplían de manera significativa las
oportunidades de aprendizaje en los distintos ambientes (formal, no formal e
informal). Esto plantea la necesidad de atender nuevas competencias y destrezas
que los seres humanos han de adquirir para desenvolverse de manera adecuada en
la sociedad del siglo XXI (Fundación Telefónica,
2013).
Según Carneiro (2009), las TIC son la
palanca principal de transformaciones sin precedentes en el mundo
contemporáneo. Por su parte Segura (2009 citado en Carneiro et al., 2009), manifiesta que las TIC permiten la
construcción de redes de comunicación e interacción con personas de otros
lugares y tienen un potencial reconocido para apoyar el aprendizaje, la
construcción social del conocimiento y el desarrollo de habilidades y
competencias para aprender autónomamente. Estas redes informáticas ofrecen una
perspectiva de trabajo muy diferente al tradicional, abren las aulas al mundo y
permiten la comunicación entre las personas eliminando las barreras del espacio
y del tiempo, de identidad y estatus. Las TIC hacen que el aprendizaje se
vuelva ubicuo, este aprendizaje puede ocurrir en la escuela, en el trabajo, en
casa, por movilidad; el nuevo aprendizaje ocurre en cualquier sitio y en
cualquier momento.
Desde esta
perspectiva la función de la educación es iniciar a los jóvenes en esta
civilización de creación del conocimiento y ayudarles a encontrar un lugar
dentro de ella (Siemens, 2013 citado en Fundación
Telefónica, 2013). Es así como la educación tiende a constituirse
como uno de los pilares básicos en la construcción de la sociedad del
conocimiento. La sociedad actual, se caracteriza por la complejidad, el cambio,
el conflicto de valores, la incertidumbre y la inequidad, poniendo en jaque el
paradigma educativo centrado en la transmisión de información y, por ende, los
roles del docente como responsable de dicho proceso transmisivo y del alumno
como receptor-reproductor de dicha información.
De esta manera, la
metáfora educativa del estudiante de la sociedad del conocimiento plantea que este
requiere ser un aprendiz autónomo, capaz de autorregularse y con habilidades
para el estudio independiente, automotivado y permanente. En correspondencia,
el profesor, como agente mediador de los procesos que conducen a los
estudiantes a la construcción del conocimiento y a la adquisición de las
capacidades mencionadas, requiere no solo dominar estas, sino apropiarse de
nuevas competencias para enseñar. Esperando que sean los profesores quienes
enseñen a sus estudiantes las competencias informáticas o tecnológicas
requeridas y, más aún, que propicien en estos la literacidad crítica ante las TIC en el contexto de la sociedad
de la información. (Díaz, 2009 citado en Carneiro et al., 2009).
Ahora bien, la administración
y gestión educativa debe tener en cuenta también la penetración de las TIC en
los hogares. De esta forma, no solo pueden establecerse nuevas interacciones y
actividades en el seno de las familias, sino que abren un canal de comunicación
entre la escuela y la familia que favorece la acción conjunta entre ambos
agentes educativos. La tarea principal, por tanto, es lograr que
los alumnos mejoren sus aprendizajes con la utilización de las tecnologías de
la información. Pero ello supone configurar un nuevo escenario en las
relaciones entre los profesores, los alumnos y los contenidos de la enseñanza,
y hacerlo también en la evaluación de todo el proceso de enseñanza y de
aprendizaje. Si difícil es cambiar la forma de enseñar, aún lo es más modificar
el sistema habitual utilizado para la evaluación. Por ello, la formación de los
profesores para que dispongan de las competencias necesarias que les permitan
incorporar de forma natural las TIC en su práctica pedagógica constituye la
variable fundamental para garantizar el éxito del esfuerzo emprendido (Marchesi citado en Carneiro et al., 2009).
En lo que respecta a la
enseñanza educativa, existen ciertos aspectos fundamentales que tienen que ver
con la persona que deben ser cultivados desde temprana edad en el proceso
educativo: liderazgo, cultura de equipo y de colaboración; incentivo a la curiosidad
y apertura al cambio; incentivo a la innovación; y aprender de los errores y no
tenerles miedo. Del mismo modo, cabe destacar algunos de los elementos que
hacen a una persona empleable en la sociedad del siglo XXI: capacidad de
discernir de forma crítica, flexibilidad y adaptabilidad, trabajo en equipo,
multidisciplinariedad, disposición al aprendizaje continuo y capacidad de
emprender. Siendo que el sistema educativo del siglo XXI está abierto a la
comunidad y basado en aprendizajes colaborativos que implican a toda la
sociedad. La labor de este sistema no es formar a ciudadanos sólo para ser
útiles a un mercado sino formar a ciudadanos capaces de desenvolverse en todos
los niveles sociales (Fundación Telefónica, 2013).
Para enseñar hay que
modelizar y demostrar, para aprender hay que practicar y reflexionar sobre lo
practicado. El aprendizaje no está en
los contenidos sino en las interacciones que se producen alrededor de ellos. El
aprendizaje en red a través de interacciones debe consistir en agregar,
remezclar y poner en práctica los conocimientos para cerciorarnos de que funciona (Downes, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). Resulta
primordial no dejar que nadie interprete el mundo por nosotros, cada uno lo
hace como él lee el mundo. Hay que crear diversidad de fuentes para contrastar
la información que es de nuestro interés aprender, no hay que olvidar que si
algo es realmente importante para una persona, lo recordará, no es importante
recordar todos los acontecimientos.
Por su parte, las herramientas tecnológicas
deben obedecer a los objetivos curriculares y a la selección de una metodología
de aprendizaje acorde, por lo tanto son el último paso a emprender. Estas
herramientas TIC sólo son medios que van a ayudarnos a alcanzar una serie de
metas educativas previamente planificadas. En ningún caso debe ser considerado el
dominio de las herramientas TIC como factor central del planteamiento de
aprendizaje.
El énfasis para el éxito en la introducción
de TIC en procesos educativos debe ponerse en la metodología didáctica y no en
la tecnología. De acuerdo con Castiglioni (2013 citado en Fundación Telefónica,
2013), la cuestión es entender que ser usuario de las
TIC no significa aprender, pero sí que a través de ellas podemos generar
conocimientos y compartir información, ellas nos ayudarán a que el contenido
sea más interesante, actual, motivador para los alumnos, pero siempre deben
estar incluidas en nuestras prácticas de manera planificada, conociendo el
contenido o disciplina que estamos impartiendo, y utilizando herramientas TIC
que les ayuden a producir conocimiento sobre el tema abordado y luego puedan
difundirlo y compartirlo.
Para llevar a cabo
inserciones eficientes de tecnologías en educación, es de vital importancia que
exista una hibridación entre tres aspectos fundamentales: dominio de los
contenidos curriculares, conocimientos pedagógicos y dominio tecnológico de las
herramientas (Harris
2013 citado en Fundación Telefónica, 2013). De la misma manera, uno de los puntos más importantes en
cualquier proceso educativo es su evaluación para determinar el grado de éxito
o fracaso que éste ha tenido. Entonces pues, la evaluación de la eficacia y
eficiencia de un proyecto educativo con TIC y la evaluación de las mejoras que
suponen a la educación, indican el momento en el que se debe implementar la
tecnología más compleja.
El desarrollo acelerado
de la sociedad de la información está suponiendo retos, impensables hace unos
años, para la educación y el aprendizaje. Tal vez lo más relevante sea que nos
encontramos con una nueva generación de aprendices que no han tenido que acceder
a las nuevas tecnologías, sino que han nacido con ellas y que se enfrentan al
conocimiento desde postulados diferentes a los del pasado. Ello supone un
desafío enorme para los profesores (la mayoría de ellos inmigrantes digitales)
para las escuelas, para los responsables educativos y para los gestores de las
políticas públicas relacionadas con la innovación, la tecnología, la ciencia y
la educación (Marchesi citado en Carneiro
et al., 2009).
Sin embargo, es necesario romper el mito de los nativos digitales, es decir, la consideración de que
todos los jóvenes son nativos digitales y dominan las TIC para usos de provecho
en el siglo XXI. Las personas aprenden y se forman a lo largo de toda su vida,
la escuela sólo es un lugar cuyo propósito es sistematizar, seleccionar y
priorizar determinados aprendizajes que alguien recoge en lo que denominamos
currículo educativo. Estas escuelas deben ser concebidas como una extensión de
la sociedad donde los aprendices ingresan para continuar una formación. El avance
de las TIC ha permitido la aparición de nuevas formas de autoaprendizaje en la
red de redes. La cantidad de información disponible en internet, permite a los
aprendices poner en marcha estrategias de búsqueda y filtrado para tener acceso
a aquello que creen necesario aprender (Fundación
Telefónica, 2013).
Así es como el nuevo modelo educativo debe
encontrar la manera de adoptar el uso tecnológico y las competencias
tecnológicas que los jóvenes en la actualidad poseen. El conocimiento se
desarrolla y evoluciona más rápido, el modelo educativo debe favorecer el
desarrollo de competencias que permitan al individuo seguir aprendiendo de
forma autónoma a lo largo de toda su vida. En este sentido podemos señalar
algunas de las competencias básicas que deberían priorizar, fomentar y trabajar
los nuevos sistemas educativos, que son el producto del cambio de la sociedad del siglo XXI. El nuevo
perfil debe responder a un sujeto proactivo, creativo, innovador, reflexivo,
critico, capaz de resolver problemas de diversa índole, flexible, empático, adaptado,
autónomo y todo ello acompañado por unas competencias socio-emocionales que
forjarán una personalidad sólida y capaz de hacer frente a las dificultades
sociales que se presenten a lo largo de su desarrollo como persona (Fundación Telefónica, 2013).
Por tal motivo los
cambios del sistema educativo deben orientarse hacia la mejora competencial de
los estudiantes. La sociedad digital requiere de competencias que los sistemas
educativos han de desarrollar (autonomía, adaptación, tratamiento de la
información, etc.), reformando el currículo. Se requerirá de unidades
didácticas más simples basadas en tales competencias útiles para la inserción
social, aprendiendo de forma conectada en red. En esta nueva sociedad, el cambio educativo debe
producirse a nivel de actitudes y no sólo de aptitudes (Piscitelli 2013 citado
en Fundación Telefónica, 2013).
Con la llegada de la
cultura TIC ha llevado a la comunidad a debatir sobre los
desafíos que ésta genera en el área de la educación. En este contexto, crece el
protagonismo del área de gestión y liderazgo en una institución educativa. Los
roles a asumir por directivos y docentes en el empoderamiento tecnológico a la
hora de introducir TIC en procesos de aprendizaje se convierten en factores
directamente relacionados con la mejora de la calidad educativa de la
escuela. Bolívar (2013) indica que después del trabajo
de los profesores y lo que ocurre dentro del aula, el liderazgo directivo es el
factor interno a la escuela más relevante en la consecución de aprendizajes de
calidad, esta incidencia es mayor en contextos con déficits y problemas. El docente y todo el centro siempre deben
ser parte activa de cualquier proceso de innovación dedicado a la mejora de la
educación. Los cambios impuestos no sirven, porque la escuela debe ser el
centro del cambio (Murillo, 2013 citado en Fundación Telefónica, 2013).
No obstante, los profesores probablemente se
resistan al cambio cualitativo debido a que consideran que las nuevas tecnologías no fueron
concebidas para la educación; no aparecen naturalmente en los sistemas de
enseñanza; no son demandadas por la comunidad docente; no se adaptan fácilmente
al uso pedagógico y, muy probablemente, en el futuro se desarrollarán solo de
manera muy parcial en función de demandas provenientes del sector educacional (Bonilla,
2003). Esto plantea uno de los
problemas clave de la relación entre las políticas nacionales de educación y
las TIC: la dificultad de “implantar” a la educación elementos que le son
extraños, que no surgen ni se desarrollan dentro de los sistemas educativos y que,
por tanto, no se instalan en ellos de manera “natural” (Sunkel 2009, citado en Carneiro et al., 2009).
Aunque se atribuye que la
incorporación de las TIC en la educación ha abierto grandes posibilidades para
mejorar los procesos de enseñanza y de aprendizaje. No es suficiente con dotar
a las escuelas de computadoras. Hace falta abordar, al mismo tiempo, un cambio
en la organización de las escuelas y en las competencias digitales de los
profesores. También es necesario avanzar en la incorporación de las nuevas
tecnologías en los entornos familiares para reducir la brecha digital (Carneiro, Toscano & Díaz, 2013).
Igualmente es
imprescindible que la formación docente se reconfigure, contemplando de forma
más sólida el uso pedagógico de los entornos digitales para la sociedad del
siglo XXI. El rol del profesor ya no debe discurrir por
el aporte de información, sino en orientar a cada alumno en su proceso de
búsqueda y tratamiento de la información, para que sea él quien de manera
activa y experimental construya su propio conocimiento (Ferrer, 2013). Algunas de las competencias
esenciales para desarrollar la labor docente en el siglo XXI pueden ser: competencia
en la materia; competencia pedagógica; capacidad de integración de la teoría y
la práctica; cooperación y colaboración; garantía de calidad; movilidad,
liderazgo; y aprendizaje permanente. Finalmente, el docente nunca debe olvidar
que el aprendizaje es social y que los alumnos aprenden más unos de otros que
escuchando una transmisión unidireccional de conocimientos emitida por el
profesor. El rol del profesor no debe basarse en la transmisión de contenidos
sino en la orientación y apoyo generando las condiciones para que sea el alumno
quien de manera activa y experimental construya su propio conocimiento
(Fundación Telefónica, 2013).
Con base a lo anterior, al realizar un
análisis en una escuela de nivel básico, con relación a la aplicación de las
TIC como herramienta para mejorar la enseñanza aprendizaje. Se constató que los
valores humanos que se fomentan en la institución educativa son respeto,
tolerancia, solidaridad y equidad. Siendo los principales problemas y retos que
enfrenta de infraestructura, improvisación del personal (no cuentan con el
perfil docente) y sobretodo de recursos económicos, que la mantiene en una
carencia para la implementación de las TIC en la educación puesto que sólo
cuentan con un centro de cómputo, de las cuales son insuficientes las
computadoras y no todos los alumnos tienen acceso a él. No obstante, cabe
mencionar que la institución cuenta con algunos elementos, aunque en menor
cantidad que son compartidos con toda la población escolar como son laptop, cañones
proyectores y pantallas de los mismos, y multimedia. Por tal motivo, para el
tiempo en que llevan implantadas las TIC en la educación, no se considera que
existan innovaciones y resultados tecnológicos trascendentales en la adopción y
aplicación de estas TIC en la institución. Careciendo de computadora por
alumno; equipamiento de los salones de clases con proyectores; pizarras
interactivas; desarrollo de contenidos educativos en formato digital; entre
otras TIC.
En este sentido, el
propósito de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (OEI), es promover iniciativas, como programas para que
todos los niños dispongan de un ordenador; cursos de formación virtual y concursos
públicos para conocer las mejores experiencias con el fin de premiar a las
personas y a las instituciones más comprometidas o que mejores resultados estén
obteniendo; y estimulación a la reflexión crítica y la innovación educativa por
parte de expertos de la OEI. Repensar
las implicaciones de la incorporación de la escuela a las TIC y de la entrada
de las TIC en la escuela es tan importante como propiciar el desarrollo y la
difusión de experiencias innovadoras que muestran la forma en que los nuevos
entornos virtuales de aprendizaje pueden ser útiles en las aulas reales
(Marchesi citado en Carneiro et al.,
2009).
Según Sunkel (2009 citado en Carneiro et al., 2009), en Iberoamérica, los programas de informática educativa enfrentan por lo
menos cinco desafíos a saber:
- Desafío 1: se refiere al tema del acceso y, específicamente, a la ampliación del acceso.
- Desafío 2: se refiere a la capacitación de los docentes y, en particular, a las estrategias desplegadas por los programas públicos de informática educativa, incluyendo el tipo de capacitación y su alcance.
- Desafío 3: se vincula a la integración de las TIC en el currículo.
- Desafío 4: se refiere a la incorporación de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
- Desafío 5: radica en la necesidad de generar información que permita monitorear los cambios que están ocurriendo producto de la incorporación de las TIC en los procesos de enseñanza-aprendizaje (por ejemplo el PISA).
Aunque pareciera que la ilusión de las TIC podían
ser la llave para resolver gran parte de los problemas educativos y para dar un
rápido impulso a la calidad de la enseñanza se ha ido desvaneciendo ante los
grandes retos pendientes y la dificultad de modificar la organización de las
escuelas y la forma de enseñar de los profesores. Sin embargo, nuevas
reflexiones, modelos e iniciativas están surgiendo y permiten albergar
renovadas expectativas (Carneiro et al., 2009). Finalmente, las TIC ofrecen muchas posibilidades para apoyar los
procesos de enseñanza-aprendizaje. Favorecen la motivación, el interés por la
materia, la creatividad, la imaginación y los métodos de comunicación, mejoran
la capacidad para resolver problemas y el trabajo en grupo, refuerzan la
autoestima y permiten mayor autonomía de aprendizaje (Segura, 2009 citado en Carneiro et al., 2009).
Referencias
Carneiro, R., Toscano J. & Díaz,
T. (2009). Los desafíos de las TIC para el cambio educativo. Madrid, España: Organización de Estados
Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) - Fundación
Santillana. Recuperado de http://www.oei.es/metas2021/LASTIC2.pdf
Cobo, C. (2013, 11 de Febrero).
¿Cómo diseñar un nuevo sistema educativo más permeable? Diario ABC de España. Recuperado de http://ergonomic.wordpress.com/2013/02/11/permeable/
Fundación Telefónica (2013). 20 Claves
Educativas para el 2020 ¿Cómo debería ser la educación del siglo XXI? México, D.F: Encuentro
Internacional de Educación. Recuperado de http://www.fundacion.telefonica.com/es/arte_cultura/publicaciones/detalle/257

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